El papel que desempeñan los padres en el desarrollo de sus hijos es de vital importancia, ya que de ellos aprenden lo que es apropiado y esperado por la sociedad. De esta manera, cada período del ciclo vital obliga a los padres a reconsiderar los procedimientos de socialización utilizados hasta el momento en la educación de sus hijos, educar correctamente a los niños exige que, desde muy temprana edad, se les enseñen ciertas normas y hábitos de vida que garanticen tanto su salud física y mental como su ajuste social.
El concepto de estilos parentales ha sido aplicado a las distintas cualidades de los padres, las cuales tienden a ser relativamente invariables a lo largo del tiempo y de las situaciones (Darling y Steinberg, 1993; Macoby y Martin, 1983). En torno a ellas, las evidencias empíricas muestran que las mismas tienen un efecto directo en la vida de los hijos (Darling y Steimberg, 1993).
Con relación a las causas o a los factores que determinan los estilos parentales, algunos autores señalan que son influenciados por un número considerable de variables sociológicas, ambientales y psicológicas (Abidin, 1991: Aunola, Nurmi, Onatsu-Arvilommi y Pulkkinen,1999).
Belsky (1990) enlista diversos estudios hechos con la mira de definir que factores psicológicos de la vida de los padres se correlacionan con determinados estilos educativos. Algunos de esos factores psicológicos estudiados son los siguientes: la satisfacción marital, las creencias sobre la disciplina, la historia del abuso parental, la depresión parental, el nivel de apoyo parental (Simons, Beaman, Conger y Chao, 1993), la edad y la educación de la madre (Kelly, Power y Wimbush, 1992), el estrés económico familiar (Takeuchi, Williams y Adair, 1991), la estabilidad a lo largo de la vida y los rasgos de personalidad (Belsky, Crnic y Woodworth, 1995: Losoya, Callor, Rowe y Goldsmith, 1997: Olsen, Martin y Halverson, 1999) y el estado emocional negativo de la madre (Kochanska, Clark y Goldman, 1997). Las evidencias empíricas muestran que las variables mencionadas correlacionan entre moderado y alto con los estilos parentales, lo que repercute directamente en el comportamiento de los hijos (Metsapelto, Pulkkinen y Poikkeus, 2001). Con el propósito de estudiar el ambiente familiar y sus repercusiones en el desarrollo de los hijos, se han llevado a cabo distintas investigaciones que analizan la interacción entre padres e hijos (Pettit, Batesy y Dodge, 1997: Planta y Caldwell, 1990). En tales observaciones, la calidad del comportamiento parental se evaluó mediante dos dimensiones: la calidez emocional, medida a través del apoyo y la crianza, y el afecto positivo entre padres e hijos (Baumrind, 1971: Maccoby y Martin, 1983), así como de la guía prenatal (Pulkkinen. 1982) y la inducción (Hoffman, 1975). Estas investigaciones han mostrado que tales dimensiones de la educación parental están asociadas con diversos comportamientos de los hijos, por ejemplo la autorregulación (Kopp, 1987: Olson, Bates y Bayles, 1990: Pulkkinen, 1982), la relación que establecen con los compañeros (Dishion, 1990) y el ajuste escolar (Pettit y cols., 1997).
El concepto de estilos parentales ha sido aplicado a las distintas cualidades de los padres, las cuales tienden a ser relativamente invariables a lo largo del tiempo y de las situaciones (Darling y Steinberg, 1993; Macoby y Martin, 1983). En torno a ellas, las evidencias empíricas muestran que las mismas tienen un efecto directo en la vida de los hijos (Darling y Steimberg, 1993).
Con relación a las causas o a los factores que determinan los estilos parentales, algunos autores señalan que son influenciados por un número considerable de variables sociológicas, ambientales y psicológicas (Abidin, 1991: Aunola, Nurmi, Onatsu-Arvilommi y Pulkkinen,1999).
Belsky (1990) enlista diversos estudios hechos con la mira de definir que factores psicológicos de la vida de los padres se correlacionan con determinados estilos educativos. Algunos de esos factores psicológicos estudiados son los siguientes: la satisfacción marital, las creencias sobre la disciplina, la historia del abuso parental, la depresión parental, el nivel de apoyo parental (Simons, Beaman, Conger y Chao, 1993), la edad y la educación de la madre (Kelly, Power y Wimbush, 1992), el estrés económico familiar (Takeuchi, Williams y Adair, 1991), la estabilidad a lo largo de la vida y los rasgos de personalidad (Belsky, Crnic y Woodworth, 1995: Losoya, Callor, Rowe y Goldsmith, 1997: Olsen, Martin y Halverson, 1999) y el estado emocional negativo de la madre (Kochanska, Clark y Goldman, 1997). Las evidencias empíricas muestran que las variables mencionadas correlacionan entre moderado y alto con los estilos parentales, lo que repercute directamente en el comportamiento de los hijos (Metsapelto, Pulkkinen y Poikkeus, 2001). Con el propósito de estudiar el ambiente familiar y sus repercusiones en el desarrollo de los hijos, se han llevado a cabo distintas investigaciones que analizan la interacción entre padres e hijos (Pettit, Batesy y Dodge, 1997: Planta y Caldwell, 1990). En tales observaciones, la calidad del comportamiento parental se evaluó mediante dos dimensiones: la calidez emocional, medida a través del apoyo y la crianza, y el afecto positivo entre padres e hijos (Baumrind, 1971: Maccoby y Martin, 1983), así como de la guía prenatal (Pulkkinen. 1982) y la inducción (Hoffman, 1975). Estas investigaciones han mostrado que tales dimensiones de la educación parental están asociadas con diversos comportamientos de los hijos, por ejemplo la autorregulación (Kopp, 1987: Olson, Bates y Bayles, 1990: Pulkkinen, 1982), la relación que establecen con los compañeros (Dishion, 1990) y el ajuste escolar (Pettit y cols., 1997).
** Resumen de Estilos de crianza en Desarrollo Humano por Papalia, Olds y Feldman (2005), Editorial McGrawHill- Mexico
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